Ayer fue un día de
experiencias nuevas. Se enfrentaban
Suiza – mi
país de acogida actualmente – y
Argentina – uno de los dos
países originarios de mi joven descendiente, en el Wankdorf- Stadion del Young-Boys de Berna con capacidad para 32,000 espectadores. Medio en broma, medio en serio
me preguntaba durante el día cuál de los dos himnos me emocionaría más, teniendo en cuenta que
soy español y hasta el momento, es el famoso
nana, nana, na na na nana el único que me conseguía poner la carne de gallina en
acontecimientos deportivos puntuales.
La ubicación
en medio de la hinchada argentina – fácilmente identificables por la parafernalia azul y blanca que llevan todos - empezaba a
inclinar la balanza. Con el fin de pasar un mejor rato, me descargué a la mañana un aplicación gratuita llamada
“Argentina Fan”, que
reúne algunos de sus cánticos más recurrentes. Saltaron a calentar los jugadores y se arrancaron con el “
Vamos, vamos, Argentina”. Por el momento, yo no metía bocado. No me salía natural el hacerlo.
Mi amigo
Martín, con la camiseta campeona del 78 y
su bandera mayor de edad
de la ciudad de La Plata se apostaba en frente de la cámara más cercana con el propósito que
su familia le viera. Al poco,
su madre le llamó para decirle que estaba saliendo en la televisión y… ¡que el responsable de turismo de la ciudad le quería en su equipo de trabajo! Valga el vídeo como prueba:
Con precisión suiza,
se alinearon los equipos para escuchar los himnos y como corresponde,
suena primero el visitante. He de decir que fue la
versión corta y los verdaderos argentinos
no tuvieron oportunidad de cantarlo como deseaban pero, se veían algunas
caras emocionadas que entonaban la letra con el corazón.
¿Qué sentía? Más bien diría, qué pensaba. Me acordaba de
mi mujer y las veces que había vivido esa situación en Mundiales de fútbol o rugby, en la Copa Davis u otras competiciones internacionales
en el sofá de mi casa y,
como se emociona inevitablemente cuando ve a todos sus compatriotas unidos por la causa. Y también,
me acordaba de los padres del operador
Orange, que me dejó
sin cobertura en ese momento justo!!
Sonó el suizo y, como buen suizo que debo ser,
no se me movió ni un músculo. Sé que el Santiago
Bernabéu parece un
teatro cuando juega el Real Madrid, pero las ocasiones en las que juega
la selección, el ambiente
es más ruidoso. Bien porque los deportes de invierno tiran más que nuestro deporte rey, o bien porque
son así de tranquilos, los suizos no atisbaron más que a decir
¡¡Hop Suisse!! en par de ocasiones a la salida de un
córner.
¿Veredicto?
Me conmovió algo más el argentino, pero sin exageraciones. Así pues, decidido a
calentar la voz y los pies – que ya empezaban a notar el fresco como si en la escalada a un ocho mil estuviera – comencé a botar un poco y a entonar las dos que más me gustan:
“Vamos vamos Argentina…vamos vamos a ganar, que esta barra quilombera no te deja de animar” y
“Brasilero que amargado se te ve, Maradona es el más grande, es más grande que Pelé”
Seguían sin salirme de manera natural, pero el imaginarme
un pequeñajo al lado al que hay que
educarle en dos culturas similares, pero dos al fin y al cabo,
hizo que sacara mi mejores dotes musicales. A eso del minuto 30 de partido, varios policías de paisano y algunos antidisturbios se
infiltraron sigilosamente entre los bombos aporreados por tipos con camisetas de
Boca y River Plate que, como solo ocurre fuera de Argentina,
convivían pacíficamente y se llevaron
a los dos personajes que encendieron
bengalas al inicio de partido. Gritaban que les ayudaran pero,
se ve que la solidaridad de la barra brava – por suerte para los que estábamos alrededor- se la dejaron en casa.
Futbolísticamente hablando, venció Argentina 3-1 con un
hat-trick de Messi y un buen tanto de
Saquiri – el veinteañero más kosovar de los suizos y recientemente fichado por el Bayern Munich. Fue un
amistoso vistoso en el que se comprendía el proceso de
búsqueda de una defensa sólida para acompañar a
Mascherano en medio campo y Messi en ataque, mientras que Suiza – fuera del europeo 2012 - intenta armar un equipo de
futuro alrededor del buen centro campista Inler (Nápoles) y Saquiri (Basilea)
Terminó el partido, la hinchada se quedó celebrándolo y pusimos rumbo a casa.
Al llegar de madrugada, vi al pequeñajo y mi mujer dormidos y me dije: al próximo partido, ¡¡vamos todos juntos!!